( I )
Todo acaba o comienza en el instante en que Lool inicia la bajada a la salida de aquél aeropuerto.
Busca con la mirada a un hombre; le prometió estar allí, la llevaría por la ciudad.
Lo encuentra. Una mano le saluda desde un coche que se acerca, ve medio rostro solo interrumpido por el retrovisor. Es él, lo reconoce. Cree conocerlo desde siempre.
Lool habla de los pormenores del viaje: " Hubo que esperar mucho, la lluvia."
Dice haber sentido miedo. Miente. Será la primera vez de muchas, de su estancia con él.
El hombre la abraza, la levanta del suelo. Lool ríe. La risa se convierte desde ese momento en algo tangible.
- ¿Cuántos días te quedarás?
- Tres.
Él no sabe aún, Lool al igual que él, lo desconoce todo, se interrogan.
Durante el trayecto hasta la pensión, más allá del borde de la carretera, hacia lo alto, corderos de lanaje pardo, hasta ahora impensables para ella, pasan como una pincelada rápida sobre un lienzo.
Se dirige a él. Le pregunta: " ¿Los corderos no son blancos? "
El hombre no sabe que decir, nunca. Habla sobre porcentajes, estadísticas de la zona.
Lool se despereza, le pide que conduzca más despacio.
Echa medio cuerpo por la ventanilla, le ruega que lo haga aún más lento.
Quiere fotografiar aquellos corderos, quiere llevarlos con ella, indelebles, en su memoria.
Continuará















