viernes 3 de julio de 2009

A Bel sin Caínes



Perdonad si hoy, tras este impredecible fin de letargo, me dirijo a vosotros desde la vehemencia, y es que todo es excusable, aunque no todo tenga perdón; acabo de llorar, aún lloro; acabo de leer un breve cuento de Grace Paley, acabo de conocerla y ya la amo. Nunca entenderé del todo, me refiero a esa otra forma de caricia, la que va desde la frente, trazada hacia el hueco de ese otro nuestro sexo, prolongada hasta perderse en la perplejidad, del que tal vez, nunca estuvimos solos.





domingo 17 de mayo de 2009

De interés general


Déjame que sea yo quien te quite la ropa.





Según una entrevista-del año 1957- recogida en Outside, donde Marguerite pide a un director literario de una importante editorial francesa, que nos ilumine un poco sobre este universo, el editor que se guarda en el anonimato, le responde: “Para empezar puede hablarse de una literatura en bruto. Ocupa el tercio de los manuscritos. Muchos jubilados, en esta categoría, jubilados en carreras llevados a cabo en las colonias, precisamente, luego oficiales, funcionarios. Su defecto común es pensar: que novela es mi vida


No han cambiado demasiado las cosas desde entonces. Hoy: abogados, maestros, periodistas, amas de casa, divorciados (ociosos, ajetreados) tras una pantalla; describen su universo. En la mayoría de los casos-los mejores- sigue siendo de interés no general, acaso uno acotado, donde otros de la misma especie van y se congratulan.
Dicen ser no ellos mismos. Inventan personajes, escenas de una vida, posiblemente tomada de lo cotidiano, otras muchas producto de una imaginación, que sigue siendo de lo propio captado desde lo ajeno. No pueden engañar, no cuando es su mirada la que se transcribe (y ahí) en ese punto de inflexión, donde tal vez sean.

Ya se; hablo demasiado de escritura y es que desde que no beso, leo. Leo con la avidez de los no besados.
Hace semanas-demasiado tiempo- por los campos de Extremadura hacia Patraix, en una explanada, observé una amalgama de margaritas y amapolas, aisladas del resto. Anoté en mi cuaderno de viaje un pequeño diálogo de interés no general, desde la memoria, transcrito en el pretencioso estilo literario del siglo pasado.

- Querido ¡Margaritas y amapolas! Hace tanto… ¿No es extraordinario?
-Por supuesto, Srta. Seyring. Pena que pasaron de moda.

En este caso ambos interlocutores son el mismo: el que interroga y se asombra. Somos demasiados en uno, tantos, que alguien con la minima consciencia de que lo es, no se vería obligado a recurrir a “ese inventar” para escribir su gran novela.
De nuevo lo cuestiono todo, pero voy a más, siempre a más, es así como me descubro .




A ella, a Marguerite, al evocarla, siempre la sitúo en un salón. Escribe sobre una mesita ubicada bajo la ventana que da al jardín. Huele a un cocido que ha dejado al fuego. Atrás se sitúa un piano. La escena es plácida. Yo le empujo para que vaya hacia él y toque algo para mí. Ella se niega. Dice que el nombre del piano es Indochina.

sábado 4 de abril de 2009

Llueven mangos

De noche, me acurruco en la cornucopia
de tu oído izquierdo, resguardada del viento
Silvia Plath






Los mangos cayendo de los árboles....



Si estuviera allí, los recogería en mi mochila. No se si contigo o a solas, vestida como Marni la ladrona, vestida de yucateca con una flor en el pelo, tal vez sin vestir, con la piel colgando, el alma colgando, viendo pasar de vez en cuando un triciclo de una paz alegórica, que no se halla descrita en ningún libro. El sabor, el salado, el sabor, el sudor salado. La aplastante humedad, el silencio adornado con la fiereza de serpientes siseantes, calaveras, el sol, la muerte putativa, el rencor, y de nuevo la paz.

Edificios rosados, coloniales, La Quientos, las picaduras de insectos al llegar la tarde, tras la lluvia puntual de las seis. La lluvia, mojando hasta calar el alma, el mar, mojándote hasta calar el alma. Los hombres bravíos, los indígenas resentidos, el pedir, pedir siempre al otro, al foráneo, que no se sabe, no entiende de patrias y todo eso y más y mucho más, como el amarillo de Izamal, como las calles regadas sin manos, los pájaros negros, chillones, selváticos, del Parque Central, las librerías restringidas, las guitarras, las niñas vendedoras de pulseritas de hilos, que se creen reinas y lo son pero las mata el orgullo. Y eso y más y los helados de mango y llueven mangos y el cielo y la tierra se invaden de un color dorado.



Tú, un cuento sin fin, a donde voy a leer páginas cada vez que temo perder la cordura.

domingo 15 de marzo de 2009







Anteayer



Debí enfadarme con aquellos pájaros- o al menos- exigirle una respuesta a sus saltitos, ahora desatentos, hacia otro lugar que no era donde ese trozo de pan escondido en mi bolsillo. En vez de eso, volví con las migajas que comí una a una. No olvidando, eso si, para no perder la memoria en la que fuimos.






lunes 9 de marzo de 2009





Pasará tiempo. Solamente tiempo.

Y vendrá un tiempo.

Vendrá un tiempo en que ya no sabremos dar un

nombre a lo que nos una. Su nombre se irá borrando

poco a poco de nuestra memoria.

Y luego, desaparecerá por completo.



(Hiroshima mon amour)






Me dio por dibujar caracoles. Lo hago camino al trabajo y aunque los traqueteos del bus no me son favorables, insisto en esa demanda, como si me fuese la vida, como si ésta se redujera a caracoles preñados- a veces- y otras tantas con la apariencia de Roberto Bolaño.
Le digo a Mayra que con los grandes no hay que compararse sino aparearse. Ahora lo hago con él, con quién pregunta Mayra, le respondo que con Bolaño.

No tengo un modelo a mano, así que viajo hacia al memoria y sale el primer esbozo, ante la mirada expectante, por encima del hombro de ese desconocido de turno que es ahora mi compañero de asiento. Por un momento siento la necesidad urgente de excusarme, de decirle que no se dibujar; tampoco escribir, como máximo logro acceder al escalafón de la escribidora perpetua, pero no lo hago, solo pienso.




No puedo continuar, ese es el motivo-entre otros- por el que no me véis por aquí.



Sólo resta decir: ¡Dios salve a la reina!

domingo 25 de enero de 2009

Pincha aquí si quieres ver el video, si no lo quieres ver, no pinches.


martes 20 de enero de 2009



Apenas hay luz de día y una mujer se levanta de la cama, abandonando el abrigo del cuerpo pueril, rendido, que aún la abraza. Se dirige hacia la cocina y abre la pequeña ventana que da al patio.
Enciende con sigilo un cigarrillo. Observa las ropas tendidas: camisas de franela del vecino del cuarto-Llevan varios días ahí, ya secas...-. Las braguitas de encajes, junto a la funda de la verga de palo de los transexuales del segundo.
Ve salir a la colombiana: Lleva a su loro en la jaula, dejándolo junto a las palmeras enanas que rodean el adoquín.
Desde arriba, la mujer, grita bajito ¡Guapa! una y otra vez, hasta escuchar su voz, en la voz impropia del animal.
Pasa el primer avión de la mañana a ras del tejado.

Apaga la colilla, se enjuaga la boca con hojitas de menta, y vuelve al calor de la cama. Besa al hombre, que aún sueña, quien sabe con qué, y en el roce, el cuerpo del otro se desvanece, junto a las sabanas, las zapatillas de ambos, los libros de sobre la mesilla...